lunes, 19 de julio de 2010

Cuando el puñal clava, corta.


Ya es tarde. Muy tarde. No sólo porque sean las cinco y media de la mañana en este asqueroso domingo, frío y lluvioso. No sólo porque el último cigarrillo se haya consumido luego de dos profundas pitadas. La tardanza es relativa, pensalo. Tarde para algunos, temprano para otros; indiferente para unos pocos. Final para algunas cosas, principio para otras; intrascendencia para unas pocas. Pero es tarde al fin y al cabo, y así como las horas corren, corren los días. Y los días se llevan en el su fatídico, pero implacable compás, lo poco que me queda de paciencia. Si te concentraras lo suficiente la verías volar junto aquellas hojas que aún pasean sobre la acera en una danza descoordinada y hasta algo errática, como resabios del otoño que ya es ocaso. Todo, hasta el sol, termina en un ocaso. Termina, lo escuchaste? Termina. Porque todo termina. Todo.

Where I end and you begin there's a gap in between.

Tarde para lamentos, tarde para mentiras, tarde para reparar con razonamientos falaces la carencia de yuxtaposicion que existe entre tu actitud y tu conducta. Tarde, tarde, tarde. Cuando el puñal se clava, corta; el filo no perdona. Cuando el puñal se clava, corta; las heridas no cierran con arepentimientos. Cuando el puñal clava corta y la única forma de evitar la implacabilidad de la herida es no clavándolo. Cuando el puñal clava corta, y no hay forma de ir atrás. Siempre quedará una cicatriz.


(y por lo menos el puñal se sabe victimario y no se pone el disfraz de víctima)

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