martes, 27 de julio de 2010

En tu prado sólo supo sobrevivir hierba seca


La definición que la RAE debería darnos del verbo PSICOPATEAR:
Psico-patear: proveniente del griego para alma, psique. Patear al alma.


Dejame ser. Dejame huir, dejame despertarme, despegarme. Dejame partir y por favor no me mires mientras camino; por mi parte intentaré no mirar atrás.

Dejame explorar nuevos senderos sin el calor (asfixiante) de tu mano. Dejame recorrer otras praderas donde pueda encontrar flores nuevas, porque en tu prado solo supo sobrevivir hierba seca. Dejame llorar en otro hombro, sentir la tibieza de un cuerpo que no sea el tuyo. Permitite ser el testigo de un nosotros que te sea ajeno y permitime un nosotros donde no seamos yo y mis miserias, porque con vos nunca pudimos -o supimos- ser verdaderamente dos; tu ego jamás le hizo lugar a esa posibilidad.
Liberá mis pensamientos, devolvémelos, libralos de tu omnipresencia, esa que tanto despreciás pero que a la vez generás. Dejame volar lejos, irme, no sé dónde exactamente, pero sí lejos de vos.

Dejame ver el anaranjado del atardecer, los amarillos y rosáceos de los amaneceres; rompé con tu ausencia el monopolio de grises del que me volviste esclava rutinaria. Lo rechazo, ya no lo quiero. Hacé las valijas y andate con tu dualidad malintencionada a otra parte, cuanto más lejos, mejor.

Por qué seguir siendo tu jugada cuando el horizonte me promete ser un jugador más? Por qué seguir siendo un objeto, tu objeto, quién sabe de qué utilidad? Dame un sólo motivo para seguir siendo una ficha en tu tablero, ligada a lo que dicten los dados comandados por tu azarozo temperamento- o tu antojo, ya no lo sé-? Amor tal vez ?No lo creo. Si hastá acá te permití llegar fue por amor, pero ese sentimiento tan complejamente abstracto estuvo siempre únicamente - y lo digo con amargura- de mi lado. Me voy con la tranquilidad del médico que se retira abatido tras horas de trabajo con un paciente que todos daban por muerto, pero que sin embargo decidió darle otra oportunidad. Me voy con la frente en alto y con la dignidad de una persona que siempre fue transparente, quizás demasiado para los sombríos laberintos a los que me sometiste constantemente. Me voy sabiendo que podré haber perdido más tiempo del necesario en intentar convertir algo que siempre fue negro en blanco, pero sabiendo que lo intenté, sabiendo que las relaciones son de a dos y que por más esfuerzo que exista de una parte, con un sólo remo el bote no avanza, ni va avanzar nunca. Si fuí estúpida fue por amor. Si me dejé engañar fue por amor. Si me rebajé a la altura en la que vos quisiste ubicarme fue por amor, y si soporté cosas que no debería haber soportado también fue por amor. Pero todo tiene un límite, sabés ? Y no me digas que no lo sabías, porque lo buscaste obstinadamente, lo forzaste, me forzaste de una manera no sólo egoísta, sino también perversa. Sos perverso, o eso me llevaron a pensar tus actitudes. Tan bien te hace sentir tener el peso suficiente en la vida de otro como para que esté acá sentada escribiéndote ahora? Tanto lo necesitás?. Sabés muy bien que aquello que es peso en mí podría ser hoy levedad y no por eso tener menos magnitud. Lo sabés y yo podría habertelo dado; te lo ofrecí siempre, a pesar de tu constante desprecio, calculador y megalomano. Las relaciones no tienen por qué ser discutir, engañar y ocultar; las cosas pueden ser de otra manera, pueden ser sanas, pero vos evidentemente no conocés ese tipo de vínculo, ni te interesa conocerlo. Y es una lástima,. Una verdadera lástima, pero que lastima, me lastima, por lo que tiene que acabarse. Te quise de verdad. De verdad y mucho, y no me tiembla el pulso para escribir que todavía te quiero, porque mi amor era puro, real, inocente; no buscaba más que su reciprocidad. Sí, te estoy diciendo que lo único que te exigí fue que me quisieras, nunca tuve otras intenciones, a diferencia tuya. Nunca quise alimentar mi ego con vos, generar celos en otra persona, nada de eso. Sólo te pedí que me quisieras, pero parece que eso es y siempre fue demasiado para vos. Y así es como tras tantos días, lágrimas, deseos sin llenar y pozos donde efectivamente caí, concluyo que te quiero pero no de la manera superficial y patética que vos necesitas que te quieran. Para vos las personas son como los billetes del Monopoly, acumulables, cuantos más, mejor; para mí las personas son cristales frágiles a los que se debe tratar con el cuidado que se tratan las reliquias millonarias en los palacios. Cómo pretender sacar algo de dos personas tan opuestas, cómo pretendí buscar el complemento en un antagonismo tan agudo? Los opuestos se complementan, sí, pero los nuestros están tan lejos el uno del otro que nunca van a tocarse, y sin fusíón jamás se llegará a la unidad armoniosamente complementada que promete ese proverbio.

Y a pesar de todo no te digo que me voy, te pido que me dejes irme, porque para tanto no da mi fuerza de voluntad. Te pido una última cosa a la que espero accedas nisiquiera por amor, sino ya por respeto- no por respeto hacía mí como mujer, porque me doy cuenta que eso es algo que nunca tuviste; como respeto hacia mí como ser humano-. Necesito que cooperes, necesito que me dejes ser, que me permitas una realidad donde no tenga que ser el blanco de los dardos de tu inseguridad, donde tu ego no patee más a mi alma con sus planteos retorcidos e intencionalmente hirientes. Yo siempre fui simple. Siempre te pedí cosas simples, quise una relación perfectamente normal y sencilla, y con la misma simpleza te pido que des un paso al costado. Este es quizás no sólo el último, sino también el pedido más importante que tengo para hacerte. Abrite. Golpeá a otra almohada, gritale a otra pared, jugá con otro juguete, porque en tablero te acabo de hacer jaque mate. Sí, a vos, a la reina de la histeria- dicen que todo llega alguna vez en la vida-. Jaque mate, te lo repito. Jaque. Mate.


Yo sé que algún día te vas a dar cuenta, pero ya va a ser tarde y para ese entonces el tren, el único tren, ya habrá partido. Auf wiedersehen, lieber.



sábado, 24 de julio de 2010

Y desde allí, el infinito


Lo que más me gusta de sentir es sentirte. Sumergirme en la inmensidad del río infinito de tus colores, en aquella secuencia inacabable que busca caber en no más que un cuerpo. Qué hermosa melodía tenés, mi amor, escondés los más preciosos tesoros bajo tus velos de misterio ancestral.

Te escucho en cada rima, te leo en cada verso, pero te siento de aquí a la eternidad. Pausa: me alejo y te observo. Nadie nunca va a poder contemplarte en tu totalidad, porque tus colores no son los que usa Picasso, no son los que usa Monet; tus colores son infinitos y exceden cualquier marco, atraviesan cualquier lienzo.

Verte no es entonces ver una obra de arte, porque no hay pintor que logre tan magistral acabado. Verte no es entonces leer un soneto, porque tu melodía no se mide en la métrica rígida de, los versos. Y verte no es tampoco escuchar una sonata, porque la inmensidad de tu música no penetra únicamente por los oídos. Tu música me invade, me atrapa, me inunda de tu complejidad, me deja prisionera impávida de la ímpetu cegadora de tus colores. a merced de las tonalidades que me quieras mostrar. Verte no es entonces una experiencia terrenal, pues verte es ver la grandeza misma del vasto universo. Chopin, Picasso y Neruda confluyen en el punto que engendra tu existencia, y de allí, el infinito. Y de allí, la locura. Y de allí, el éxtasis del que se deja dominar por la poesía de la incertidumbre, del que se adentra en las aventuras de tus atardeceres.

Cómo no desear tocarte, cómo ignorar al poseedor de la llave hacia el más puro paraíso, cómo convencerse de la irrelevancia de tus artilugios celestiales...

Concluyo fervientemente que tu amor es un viaje de ida, que tus brazos son el páramo bajo el que quiero refugiarme ante cualquier tempestad, aunque tenga que soportar el revés de tu inestable tormenta. Concluyo que el que conoce tus colores vivirá bajo su yugo esclavo, porque vivirá buscando tu reflejo en cada nuevo matiz, sediento de tu locura. Ah, tus colores, son mi veneno y mi pócima, mi antídoto y mi enfermedad, que confluyen en un punto, y desde allí, el infinito.

Dichoso aquel que puede bañarse en tus manantiales sin temer una pronta sequía, dichosos aquellos ríos que inunda tu hechizo, dichoso aquel con quien decidas compartir tu elixir. Dichosos tus ojos, que no tienen que ver en tu ausencia, que no tienen que respirar sin tu aire, que no tienen que cantar sin tus rimas, que no tienen que verte recorrer los senderos de tu laberinto en manos ajenas. Porque el universo confluye en el punto de tu existencia, y de allí, el infinito; en tu ausencia la luz se extingue, los telones se cierran. No hay punto, no hay universo, no hay infinito. No hay nada.



Nueva conjugación del verbo BORRAR.


YO me borro (a menos que)

TU (no) te borras (y)

ELLA (sí) se borra (O será que)

NOSOTROS nos borramos ?



lunes, 19 de julio de 2010

Forget about your house of cards, and I'll deal mine


Más que preguntarse uno quién es debería preguntarse con quién está. Pensémoslo más de un segundo: si desde épocas remotas el hombre gasta gran parte de su tiempo y empeña una buena cuota de energía preguntándose quién es, porque no se entiende -y menos aún se conoce- cómo esperamos que el panorama sea más alentador con aquellos que son ajenos a nuestra carne y hueso?. Claro. Mejor no pensarlo. Mejor confiar, suponer que el otro va a ser, en su esencia, -que a mi criterio es lo que más importa-, igual a uno. Mejor vivir en la oscuridad de los supuestos, porque la claridad de la realidad es tan cegadora e implacable que preferimos no verla. Quedarnos adentro de la caverna, opinaría Platon, es mas cómodo. Más práctico y hasta llevadero, teniendo en cuenta que nuestros minutos están contados y no son más que unos cuantos granos de arena que se pierden en la infinidad del mar. Cuánto se aprovecha el hombre del beneficio de la duda, cuánto. Se lo fuerza hasta el extremo. Es justamente el no saber, esa ignorancia, lo que retroalimenta el autoengaño. Es esa esperanza teñída de duda, hija del desconocimiento, la que a veces nos permite pasar por alto señales tan claras, empapadas de verdad. Disfrazar la claridad de ambiguedad, a eso venimos - o eso parece. A suavizar lo que es absoluto, a convertir lo que es en lo que podría ser, para proyectar en aquella vacilación lo que anhelamos en lo más profundo de nuestras entrañas. A negar para no extinguir la poca esperanza que nos queda de manera abrupta y mordaz.

Cuando entendamos que la desnudez es vulnerabilidad, comprenderemos por qué el sexo es un acto íntimo, o debería serlo para todo aquel que se respeta. Cuando entendamos que la desnudez es la total exposición, que es la claridad, comprenderemos por qué jugamos a este juego de claroscuros, moviéndonos como piezas de un ajedrez ecléctico y lunar. Nos gusta vivir en las sombras, no sólo porque sea más fácil, sino también porque es lo menos doloroso. Nadie quiere ver sus cicatrices constantemente; cuanto más tiempo pueda ignorarlas, mejor.

Ahora bien, si en la oscuridad vivimos, sabemos que lo que nos rodea no son más que sombras y distorciones. Sabemos que lo que tomamos como real es una realidad diluída hasta la deformación.
Los demás nos lastiman y muchas veces nosotros los dejamos lastimar. La gente avanza hasta donde uno la deja avanzar; la búsqueda del límite es constante. Cuando pasamos por alto las señales que se nos presentan los estamos dejando avanzar impunemente sobre nosotros, embestirnos con la ímpetu de aquel que llega sin que lo inviten. No alarms and no surprises. En el fondo siempre lo supimos y no lo quisimos ver. Saber, ver, ser, se mezclan en un juego de redes sumamente complejo. Lo que vemos nunca reflejará lo que realmente sea; no veremos cosas que sí sabemos, así como ignoraremos lo que sí vemos y sí es. De todo este enjambre cada uno forja su propio laberinto de claroscuros, con el que se da a conocer y se funde entre sus pares. Cuando choca el claro de uno con el oscuro de otro, se forman los grises. Al encuentro entre dos claros los mata la honestidad brutal, así como de la fusión de dos oscuros surgen los engaños cruentos que encontramos en cualquier tragedia. Bleh, maldita autoprotección. Y después nos preguntamos por qué las relaciones son jodidas.

Cuando el puñal clava, corta.


Ya es tarde. Muy tarde. No sólo porque sean las cinco y media de la mañana en este asqueroso domingo, frío y lluvioso. No sólo porque el último cigarrillo se haya consumido luego de dos profundas pitadas. La tardanza es relativa, pensalo. Tarde para algunos, temprano para otros; indiferente para unos pocos. Final para algunas cosas, principio para otras; intrascendencia para unas pocas. Pero es tarde al fin y al cabo, y así como las horas corren, corren los días. Y los días se llevan en el su fatídico, pero implacable compás, lo poco que me queda de paciencia. Si te concentraras lo suficiente la verías volar junto aquellas hojas que aún pasean sobre la acera en una danza descoordinada y hasta algo errática, como resabios del otoño que ya es ocaso. Todo, hasta el sol, termina en un ocaso. Termina, lo escuchaste? Termina. Porque todo termina. Todo.

Where I end and you begin there's a gap in between.

Tarde para lamentos, tarde para mentiras, tarde para reparar con razonamientos falaces la carencia de yuxtaposicion que existe entre tu actitud y tu conducta. Tarde, tarde, tarde. Cuando el puñal se clava, corta; el filo no perdona. Cuando el puñal se clava, corta; las heridas no cierran con arepentimientos. Cuando el puñal clava corta y la única forma de evitar la implacabilidad de la herida es no clavándolo. Cuando el puñal clava corta, y no hay forma de ir atrás. Siempre quedará una cicatriz.


(y por lo menos el puñal se sabe victimario y no se pone el disfraz de víctima)