jueves, 3 de marzo de 2011

Seeing other people (at least that's what we say we are doing)


No había ya nada que pudiera hacer. Le gustaba.
Le gustaba lo descarado y sugerente de sus ojos cuando la miraba. Le gustaba cómo la tocaba, cómo la sabía tocar. Le gustaba la urgencia con la que sus manos recorrían todo su cuerpo, parte por parte, vértebra por vértebra. Le gustaba la forma vulgar que tenía de hablarle en la intimidad, le encantaba.
Le gustaba el magnetismo inquebrantable que unía sus pieles; le gustaban las escenas que el incendio instantáneo del contacto los obligaba a dar, cualquiera fuera el momento y lugar - aunque debe admitir en sus preferencias una cierta inclinación por los lugares públicos-.
Calles, algunas de pequeños pueblos, otras grandes avenidas, baños, bares, baños de bares, plazas, donde fuera, toda la ciudad había sido escenario de alguno de sus juegos. Y es precisamente por eso que todo le recuerda a él.
La deseaba. La deseaba y se lo decía. La deseaba y se lo hacía saber, a veces con palabras complicadas, a veces tierna y tímidamente, a veces - y esto le encantaba- vulgarmente, sin los disfraces poéticos del lenguaje correcto, superando las barreras de la ubicación. Se lo decía mientras la desvestía con urgencia, fuera de sí, pensando en voz alta más que hablándole a ella - de hecho ella dudaba que fuera consciente de que sus pensamientos estaban emitiendo sonido alguno-. Pero ella lo escuchaba. Y esa era, sentía, una forma más de meterse adentro suyo, adentro de su mente. No, no es que le gustara que le faltasen el respeto; bien bastaba con preguntarle a cualquiera para saber con qué severidad se hacía respetar. Pero con él era distinto. Todo, cuando es con él, es distinto.
Le gustaba cómo la sabía hacer sentir, aunque fuera por unos minutos, nada más que un cuerpo. Un cuerpo enajenado. Un cuerpo que solo siente placer. Un cuerpo sin problemas, sin familia, sin amigos, hasta sin identidad, sin procedencia, sin ataduras ni presiones. Un cuerpo, lisa y llanamente. Le gustaba cómo sabía hacerla sentir deseada, deseable, hasta el punto de un autoerotismo narcisista. Le gustaba cómo reducía su universo a lo pulsional, a lo primitivo, cómo la hacía experimentar la humanidad en su manera más básica y pura. Ella podía sentirse siempre una mujer, pero con él... Con él se sentía una mujer en esencia. Experimentaba la idea platónica de ser mujer, la sentía, la hacía casi tangible.
Le encantaba ver cómo reaccionaba a la proximidad, verlo luchar contra sus impulsos. Le gustaba ser objeto de su deseo, y que él se lo manifestara; sentía que tenía algún poder sobre él - y este era otro de sus juegos, otra de sus manipulaciones, hacerla creer que tenía el control cuando era más que claro y evidente que era un corderno indefenso jugando en un campo de lobos-.
Le gustaba, también, porque la cuidaba. La quería ifinita e inescrupulosamente. Confiaba en ella y ella confiaba en él, ciegamente y a pesar de todo. Todavía la asombnraba cómo podían sostener semejante relación. La maravillaba cómo podían pasar de amigos, a cónyuges a amantes segun las circunstancias...
Claro que no era sólo una relación carnal; en un principio lejos estaba de serlo, aunque el destino pareció tener otros planes para ellos. Eso le gustaba también de él. La conocía toda, en todas sus formas, en todos sus estados. La conocía entera, toda; era el único que había podido derribar todos sus muros protectores para dejarla desnuda y vulnerable - otro de sus juegos, quizás ?-. Es por esta razón que sentía que cuando pudiera amarla- pero amarma en toda su complejidad, realmente amarla- la iba a amar como quizás nadie más en este mundo la iba a amar alguna vez. La iba a amar entera, tanto a la unidad, como a cada una de sus partes. De un amor descomunal, idílico, cuyos límites es imposible fijar, de este tipo de amor se trata.
Con qué habilidad cirujana sabía diseccionar cada una de sus partes, para quedarse con la de su mayor agrado y hacersela sentir, pero realmente sentir, sentir hasta el infinito, sentir en nuevas dimensiones.
Con él había aprendido lo que era el deseo, el deseo en su esencia. Con él había aprendido lo que era querer a alguien con absolutamente cada centímetro y cada víscera. Con él había conocido los celos, habría sufrido por ellos, había jugado los desagradables pero tentadores juegos que estos ofrecen. Con él había entendido lo que era sentirse querida, escuchada, deseada.
Con él había sentido todo, pero en un nuevo nivel, con una intensidad impensada, asesina, hasta violenta, que hacía insignificante a todo -y a todos- los demás. Con él se había iniciado en el tortuoso, pero dulce camino del sufrir por amor.
Por qué, sin embargo, no la dejaba quererlo? Por qué no le permitía, más que esporádicamente, y a su antojo, ser suya y sólo suya, naufragar en la isla de sus brazos, en el hogar de su pecho, no más que refugiarse bajo el ala protectora de su espalda, de sus besos. Por qué? Por qué todo a cuentagotas, si lo tenían, en apariencia, todo?.
Hay que aprender que a veces nada alcanza. Querer y desear a veces no hacen al amor, no al sano. Sin embargo, cito, la pasión por definición es un exceso. Los excesos no son sanos. Amar con esta intensidad, tampoco. Jamás puede, ni va a serlo. Los excesos no son sanos, pero seducen. Seducen peligrosamente.
A veces la gente prefiere jugar juegos, aunque lo que esté sobre el tablero exceda cualquier tipo de medida. A veces la gente prefiere jugar juegos, aunque lo que esté sobre el tablero sea todo, absolutamente todo. El éxtasis del azar, el devenir de la incertidumbre, cargada de lujuria y riesgos. Ese constante (des)equilibrio entre el blanco y el negro, ese vaivén vertiginoso que nos hace sentir realmente vivos. Mejor así. Todo o nada - y ese es tu juego favorito-. Por eso me quedo, por eso me quedo con vos. Porque me es imposible, literalmente imposible vivir con que trae aparejada la nada: perder, perderte. Hasta suena insoportable siendo no más que ocho caracteres en un monitor. Me quedo en este limbo por la eterna promesa del todo, un todo que, sospecho, nunca va a llegar. Pero no puedo irme al mazo. No ahora. No puedo.
Y terminó con esta reflexión su cigarrillo, uno de los tantos.

martes, 1 de febrero de 2011

Ruleta rusa (palabras filosas)


Estás acostumbrado a tener ese efecto, no es cierto? Sí, me lo dijiste. Me reí. Me causó gracia. Pero ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo que las palabras son en realidad de lo más peligroso que existe. Las palabras al ser pronunciadas cobran vida. Nos hacen sentir. Desatan el fuego mismo, incontrolable, de las historias que cuentan. Lo importante de las palabras no es aquel fluir de letras, sino lo que la corriente deja leer entre lineas. El error que cometí al subestimar su poder...
Es que cuando abriste la boca yo solo quería mirarla. Quería mirar - admirar- la perfecta armonía que lograban los labios con el resto del cuadro que es tu cara. Quería empaparme de esa desprolijidad fríamente calculada que hace a tu imagen, cuidadosamente descuidada, por supuesto. "Sin compromisos", grita.
Por qué? Por qué tanta crueldad? No ves que la carne es débil?. Adivinando el poder de hipnosis que tenían tus ojos sobre los míos me sujetaste con firmeza la cara a medio centímetro de la tuya - lo juro, no era más que medio centímetro-. Y lo sé porque nuestros cuerpos ya no eran dos, sino que se fundían en uno. Lo sé porque tu respiración suave, pero decidida, me acariciaba, lo puedo jurar.
Me clavaste la mirada. Mientras me perdía en esos puñales del marrón más brillante empezaste a decirme lo que a mi me parecían lejanos balbuceos. ..Sí, algo en mi inconsciente seguía el hilo de tus palabras, pero me era imposible hacer real foco en ellas; la proximidad, tus ojos, la tensión casi tangible entre los dos...
Me dejé llevar. No medí. No me di cuenta que el mar de palabras que salía de tu boca -y qué boca linda la tuya- cobraba vida con cada segundo que pasaba. No me di cuenta que ese fluir de palabras constituiría la ola que me envestiría despiadadamente luego.
Hay algo tan atractivo en vos..No puedo dictaminar exactamente qué es, pero su poder, te aseguro, es magnético. Es esa incertidumbre, esas ganas de conocer - conocerte-, de ver qué hay atrás de la pose lo que no me deja alejarme, no me deja escapar de tu magnetismo.
En un acto impulsivo, quizás, tomé tu mano. Para mí sorpresa tomaste la mia, hasta con algo de firmeza. Mirandolo en retrospectiva, qué lindo fue. Qué lindo fue tomarte de la mano, que ambos fueramos cómplices de aquella farsa de afecto, al menos hasta que todo hubiera terminado. Qué lindo fue, incluso si no fue más que un espejismo...
Y qué distinto fue para ambos. Más pasan las horas, más repito la película en mi cabeza, más la pienso - te pienso-, para atesorar en mi memoria cada momento, cada gesto, cada roce. No quiero que te vayas. Hago todo lo posible para retenerte y que no te vayas. Al menos no mentalmente. Al menos no del todo.
No sé por que, cómo, ni cuando, pero algo se desató esa noche. Alguna mecha se encendió y hace que me esté consumiendo ahora lentamente. Hace que me descubra pensandote a cada segundo, escuchando tus canciones, repitiendo escenas en mi cabeza con el mayor detalle que la nebulosa de los recuerdos embebidos en alcohol me permiten.
Te extraño? Por Dios, no, eso es absurdo. Pero no puedo parar de pensarte. No quiero que te vayas, no del todo. Me rehuso. Estoy emprendiendo una batalla contra el paso del tiempo.
Me siento tan estúpida. Me siento tan estúpida sintiendo algo que sé con certeza que no estás ni cerca de sentir. Pensando en alguna conexión hasta metafísica, que es más que claro y evidente que yo sola viví.
Quiero escuchar de vos. Quiero saber de vos. Pero no va a pasar. Dudo que alguna vez vuelva a verte si tengo que ser totalmente honesta- honesta conmigo misma, sobre todo.
Todo, pues, absolutamente todo queda librado al azar. Le estoy apostando todas mis fichas al azar, incluso cuando el juego jamás fue mi fuerte. (Tengo realmente otra opción?)
Ruleta rusa. Ruleta rusa y te aposté todas mis fichas. Ruleta rusa y sé con certeza que voy a perder, pero aún así espero. Espero. Te espero.

lunes, 6 de septiembre de 2010

The wreck of me (because of you)

Punishment after punishment. That's how my burden endures. That's how I can feel my own burden growing in me, flourishing the same way daisies flourish during the summer. Growing at such a rate that not even math is capable of keeping pace with its speed. Growing at such a rate that what's left of me, the wreck of me can only be compared to a a ravaged city after a flood. I can feel it rising like a sunset, ripening like grapefruit.
I've always been able to feel grief, but now it's become so tangible that I can even see it. Grief has a face now. Grief has a name now- your name. Grief has a cause, whose efects you can clearly measure in the pieces of this new, washed-out me. Yes, I've been drawn into a 24/7 mourning state. Because it's just not fair. You are not fair; nothing is nowadays, anyway, but I get to complain only about you because that I care. That I care the most, actually.
Fuck this shit. It's funny that this particular song has just started playing as I type. But Belle&Sebastian might be right. Fuck this poetic shit. Fuck you, fuck me - maybe in both literal and metaphorical ways-, fuck everyone, fuck everything. But above them all, fuckers, fuck this shit i'm so done coping with.
Sometimes all we need is a breeze of fresh air, a heavy storm to wash away our misery, a strong wind to clear our mess up a little bit, and if it were possible, to take away with its blow the deepest-rooted problems -dear hell, what a relief that would be.Or someone. Sometimes we just need someone. And there's nothing that can replace that. There's nothing able to fill such a gap. Sometimes there's nothing, but that person. In this vast, crowded, loaded world, there can be nothing but one single person that seems to put everything in its right place just by standing at your side. And when that happens, believe me, you are definetely screwed.
After a flood, you can always build a new city. Every morning the sun will rise, and daisies will keep on flourishing every summer. But when you lose the one that has cast an alluring spell on you, there's no turning back; there's not such thing as a recovery when you are dealing with this disease. When they take your heart away, when that person leaves you empty-handed, empy-chested and runs away with what is yours- not only your heart, but your thoughts, your laughter, your will, you name it-, that's when you should star worrying. That's the point where you should realize this person isn't a John-doe, they are far from that. That someone is the one, the one and only, the exception to all your rules, the one that sees through the walls you've built, the one that controls your every move, almost unwillingly. Even if they aren't there for you the way you want them to be. Even if you aren't their person, they still are yours, and little can you do about that. And then again, in spite of everything, there is nothing, but that person in your tiny little world. Nothing.

AND.IT.SUCKS.
(badly)

martes, 27 de julio de 2010

En tu prado sólo supo sobrevivir hierba seca


La definición que la RAE debería darnos del verbo PSICOPATEAR:
Psico-patear: proveniente del griego para alma, psique. Patear al alma.


Dejame ser. Dejame huir, dejame despertarme, despegarme. Dejame partir y por favor no me mires mientras camino; por mi parte intentaré no mirar atrás.

Dejame explorar nuevos senderos sin el calor (asfixiante) de tu mano. Dejame recorrer otras praderas donde pueda encontrar flores nuevas, porque en tu prado solo supo sobrevivir hierba seca. Dejame llorar en otro hombro, sentir la tibieza de un cuerpo que no sea el tuyo. Permitite ser el testigo de un nosotros que te sea ajeno y permitime un nosotros donde no seamos yo y mis miserias, porque con vos nunca pudimos -o supimos- ser verdaderamente dos; tu ego jamás le hizo lugar a esa posibilidad.
Liberá mis pensamientos, devolvémelos, libralos de tu omnipresencia, esa que tanto despreciás pero que a la vez generás. Dejame volar lejos, irme, no sé dónde exactamente, pero sí lejos de vos.

Dejame ver el anaranjado del atardecer, los amarillos y rosáceos de los amaneceres; rompé con tu ausencia el monopolio de grises del que me volviste esclava rutinaria. Lo rechazo, ya no lo quiero. Hacé las valijas y andate con tu dualidad malintencionada a otra parte, cuanto más lejos, mejor.

Por qué seguir siendo tu jugada cuando el horizonte me promete ser un jugador más? Por qué seguir siendo un objeto, tu objeto, quién sabe de qué utilidad? Dame un sólo motivo para seguir siendo una ficha en tu tablero, ligada a lo que dicten los dados comandados por tu azarozo temperamento- o tu antojo, ya no lo sé-? Amor tal vez ?No lo creo. Si hastá acá te permití llegar fue por amor, pero ese sentimiento tan complejamente abstracto estuvo siempre únicamente - y lo digo con amargura- de mi lado. Me voy con la tranquilidad del médico que se retira abatido tras horas de trabajo con un paciente que todos daban por muerto, pero que sin embargo decidió darle otra oportunidad. Me voy con la frente en alto y con la dignidad de una persona que siempre fue transparente, quizás demasiado para los sombríos laberintos a los que me sometiste constantemente. Me voy sabiendo que podré haber perdido más tiempo del necesario en intentar convertir algo que siempre fue negro en blanco, pero sabiendo que lo intenté, sabiendo que las relaciones son de a dos y que por más esfuerzo que exista de una parte, con un sólo remo el bote no avanza, ni va avanzar nunca. Si fuí estúpida fue por amor. Si me dejé engañar fue por amor. Si me rebajé a la altura en la que vos quisiste ubicarme fue por amor, y si soporté cosas que no debería haber soportado también fue por amor. Pero todo tiene un límite, sabés ? Y no me digas que no lo sabías, porque lo buscaste obstinadamente, lo forzaste, me forzaste de una manera no sólo egoísta, sino también perversa. Sos perverso, o eso me llevaron a pensar tus actitudes. Tan bien te hace sentir tener el peso suficiente en la vida de otro como para que esté acá sentada escribiéndote ahora? Tanto lo necesitás?. Sabés muy bien que aquello que es peso en mí podría ser hoy levedad y no por eso tener menos magnitud. Lo sabés y yo podría habertelo dado; te lo ofrecí siempre, a pesar de tu constante desprecio, calculador y megalomano. Las relaciones no tienen por qué ser discutir, engañar y ocultar; las cosas pueden ser de otra manera, pueden ser sanas, pero vos evidentemente no conocés ese tipo de vínculo, ni te interesa conocerlo. Y es una lástima,. Una verdadera lástima, pero que lastima, me lastima, por lo que tiene que acabarse. Te quise de verdad. De verdad y mucho, y no me tiembla el pulso para escribir que todavía te quiero, porque mi amor era puro, real, inocente; no buscaba más que su reciprocidad. Sí, te estoy diciendo que lo único que te exigí fue que me quisieras, nunca tuve otras intenciones, a diferencia tuya. Nunca quise alimentar mi ego con vos, generar celos en otra persona, nada de eso. Sólo te pedí que me quisieras, pero parece que eso es y siempre fue demasiado para vos. Y así es como tras tantos días, lágrimas, deseos sin llenar y pozos donde efectivamente caí, concluyo que te quiero pero no de la manera superficial y patética que vos necesitas que te quieran. Para vos las personas son como los billetes del Monopoly, acumulables, cuantos más, mejor; para mí las personas son cristales frágiles a los que se debe tratar con el cuidado que se tratan las reliquias millonarias en los palacios. Cómo pretender sacar algo de dos personas tan opuestas, cómo pretendí buscar el complemento en un antagonismo tan agudo? Los opuestos se complementan, sí, pero los nuestros están tan lejos el uno del otro que nunca van a tocarse, y sin fusíón jamás se llegará a la unidad armoniosamente complementada que promete ese proverbio.

Y a pesar de todo no te digo que me voy, te pido que me dejes irme, porque para tanto no da mi fuerza de voluntad. Te pido una última cosa a la que espero accedas nisiquiera por amor, sino ya por respeto- no por respeto hacía mí como mujer, porque me doy cuenta que eso es algo que nunca tuviste; como respeto hacia mí como ser humano-. Necesito que cooperes, necesito que me dejes ser, que me permitas una realidad donde no tenga que ser el blanco de los dardos de tu inseguridad, donde tu ego no patee más a mi alma con sus planteos retorcidos e intencionalmente hirientes. Yo siempre fui simple. Siempre te pedí cosas simples, quise una relación perfectamente normal y sencilla, y con la misma simpleza te pido que des un paso al costado. Este es quizás no sólo el último, sino también el pedido más importante que tengo para hacerte. Abrite. Golpeá a otra almohada, gritale a otra pared, jugá con otro juguete, porque en tablero te acabo de hacer jaque mate. Sí, a vos, a la reina de la histeria- dicen que todo llega alguna vez en la vida-. Jaque mate, te lo repito. Jaque. Mate.


Yo sé que algún día te vas a dar cuenta, pero ya va a ser tarde y para ese entonces el tren, el único tren, ya habrá partido. Auf wiedersehen, lieber.



sábado, 24 de julio de 2010

Y desde allí, el infinito


Lo que más me gusta de sentir es sentirte. Sumergirme en la inmensidad del río infinito de tus colores, en aquella secuencia inacabable que busca caber en no más que un cuerpo. Qué hermosa melodía tenés, mi amor, escondés los más preciosos tesoros bajo tus velos de misterio ancestral.

Te escucho en cada rima, te leo en cada verso, pero te siento de aquí a la eternidad. Pausa: me alejo y te observo. Nadie nunca va a poder contemplarte en tu totalidad, porque tus colores no son los que usa Picasso, no son los que usa Monet; tus colores son infinitos y exceden cualquier marco, atraviesan cualquier lienzo.

Verte no es entonces ver una obra de arte, porque no hay pintor que logre tan magistral acabado. Verte no es entonces leer un soneto, porque tu melodía no se mide en la métrica rígida de, los versos. Y verte no es tampoco escuchar una sonata, porque la inmensidad de tu música no penetra únicamente por los oídos. Tu música me invade, me atrapa, me inunda de tu complejidad, me deja prisionera impávida de la ímpetu cegadora de tus colores. a merced de las tonalidades que me quieras mostrar. Verte no es entonces una experiencia terrenal, pues verte es ver la grandeza misma del vasto universo. Chopin, Picasso y Neruda confluyen en el punto que engendra tu existencia, y de allí, el infinito. Y de allí, la locura. Y de allí, el éxtasis del que se deja dominar por la poesía de la incertidumbre, del que se adentra en las aventuras de tus atardeceres.

Cómo no desear tocarte, cómo ignorar al poseedor de la llave hacia el más puro paraíso, cómo convencerse de la irrelevancia de tus artilugios celestiales...

Concluyo fervientemente que tu amor es un viaje de ida, que tus brazos son el páramo bajo el que quiero refugiarme ante cualquier tempestad, aunque tenga que soportar el revés de tu inestable tormenta. Concluyo que el que conoce tus colores vivirá bajo su yugo esclavo, porque vivirá buscando tu reflejo en cada nuevo matiz, sediento de tu locura. Ah, tus colores, son mi veneno y mi pócima, mi antídoto y mi enfermedad, que confluyen en un punto, y desde allí, el infinito.

Dichoso aquel que puede bañarse en tus manantiales sin temer una pronta sequía, dichosos aquellos ríos que inunda tu hechizo, dichoso aquel con quien decidas compartir tu elixir. Dichosos tus ojos, que no tienen que ver en tu ausencia, que no tienen que respirar sin tu aire, que no tienen que cantar sin tus rimas, que no tienen que verte recorrer los senderos de tu laberinto en manos ajenas. Porque el universo confluye en el punto de tu existencia, y de allí, el infinito; en tu ausencia la luz se extingue, los telones se cierran. No hay punto, no hay universo, no hay infinito. No hay nada.



Nueva conjugación del verbo BORRAR.


YO me borro (a menos que)

TU (no) te borras (y)

ELLA (sí) se borra (O será que)

NOSOTROS nos borramos ?



lunes, 19 de julio de 2010

Forget about your house of cards, and I'll deal mine


Más que preguntarse uno quién es debería preguntarse con quién está. Pensémoslo más de un segundo: si desde épocas remotas el hombre gasta gran parte de su tiempo y empeña una buena cuota de energía preguntándose quién es, porque no se entiende -y menos aún se conoce- cómo esperamos que el panorama sea más alentador con aquellos que son ajenos a nuestra carne y hueso?. Claro. Mejor no pensarlo. Mejor confiar, suponer que el otro va a ser, en su esencia, -que a mi criterio es lo que más importa-, igual a uno. Mejor vivir en la oscuridad de los supuestos, porque la claridad de la realidad es tan cegadora e implacable que preferimos no verla. Quedarnos adentro de la caverna, opinaría Platon, es mas cómodo. Más práctico y hasta llevadero, teniendo en cuenta que nuestros minutos están contados y no son más que unos cuantos granos de arena que se pierden en la infinidad del mar. Cuánto se aprovecha el hombre del beneficio de la duda, cuánto. Se lo fuerza hasta el extremo. Es justamente el no saber, esa ignorancia, lo que retroalimenta el autoengaño. Es esa esperanza teñída de duda, hija del desconocimiento, la que a veces nos permite pasar por alto señales tan claras, empapadas de verdad. Disfrazar la claridad de ambiguedad, a eso venimos - o eso parece. A suavizar lo que es absoluto, a convertir lo que es en lo que podría ser, para proyectar en aquella vacilación lo que anhelamos en lo más profundo de nuestras entrañas. A negar para no extinguir la poca esperanza que nos queda de manera abrupta y mordaz.

Cuando entendamos que la desnudez es vulnerabilidad, comprenderemos por qué el sexo es un acto íntimo, o debería serlo para todo aquel que se respeta. Cuando entendamos que la desnudez es la total exposición, que es la claridad, comprenderemos por qué jugamos a este juego de claroscuros, moviéndonos como piezas de un ajedrez ecléctico y lunar. Nos gusta vivir en las sombras, no sólo porque sea más fácil, sino también porque es lo menos doloroso. Nadie quiere ver sus cicatrices constantemente; cuanto más tiempo pueda ignorarlas, mejor.

Ahora bien, si en la oscuridad vivimos, sabemos que lo que nos rodea no son más que sombras y distorciones. Sabemos que lo que tomamos como real es una realidad diluída hasta la deformación.
Los demás nos lastiman y muchas veces nosotros los dejamos lastimar. La gente avanza hasta donde uno la deja avanzar; la búsqueda del límite es constante. Cuando pasamos por alto las señales que se nos presentan los estamos dejando avanzar impunemente sobre nosotros, embestirnos con la ímpetu de aquel que llega sin que lo inviten. No alarms and no surprises. En el fondo siempre lo supimos y no lo quisimos ver. Saber, ver, ser, se mezclan en un juego de redes sumamente complejo. Lo que vemos nunca reflejará lo que realmente sea; no veremos cosas que sí sabemos, así como ignoraremos lo que sí vemos y sí es. De todo este enjambre cada uno forja su propio laberinto de claroscuros, con el que se da a conocer y se funde entre sus pares. Cuando choca el claro de uno con el oscuro de otro, se forman los grises. Al encuentro entre dos claros los mata la honestidad brutal, así como de la fusión de dos oscuros surgen los engaños cruentos que encontramos en cualquier tragedia. Bleh, maldita autoprotección. Y después nos preguntamos por qué las relaciones son jodidas.

Cuando el puñal clava, corta.


Ya es tarde. Muy tarde. No sólo porque sean las cinco y media de la mañana en este asqueroso domingo, frío y lluvioso. No sólo porque el último cigarrillo se haya consumido luego de dos profundas pitadas. La tardanza es relativa, pensalo. Tarde para algunos, temprano para otros; indiferente para unos pocos. Final para algunas cosas, principio para otras; intrascendencia para unas pocas. Pero es tarde al fin y al cabo, y así como las horas corren, corren los días. Y los días se llevan en el su fatídico, pero implacable compás, lo poco que me queda de paciencia. Si te concentraras lo suficiente la verías volar junto aquellas hojas que aún pasean sobre la acera en una danza descoordinada y hasta algo errática, como resabios del otoño que ya es ocaso. Todo, hasta el sol, termina en un ocaso. Termina, lo escuchaste? Termina. Porque todo termina. Todo.

Where I end and you begin there's a gap in between.

Tarde para lamentos, tarde para mentiras, tarde para reparar con razonamientos falaces la carencia de yuxtaposicion que existe entre tu actitud y tu conducta. Tarde, tarde, tarde. Cuando el puñal se clava, corta; el filo no perdona. Cuando el puñal se clava, corta; las heridas no cierran con arepentimientos. Cuando el puñal clava corta y la única forma de evitar la implacabilidad de la herida es no clavándolo. Cuando el puñal clava corta, y no hay forma de ir atrás. Siempre quedará una cicatriz.


(y por lo menos el puñal se sabe victimario y no se pone el disfraz de víctima)