
Estás acostumbrado a tener ese efecto, no es cierto? Sí, me lo dijiste. Me reí. Me causó gracia. Pero ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo que las palabras son en realidad de lo más peligroso que existe. Las palabras al ser pronunciadas cobran vida. Nos hacen sentir. Desatan el fuego mismo, incontrolable, de las historias que cuentan. Lo importante de las palabras no es aquel fluir de letras, sino lo que la corriente deja leer entre lineas. El error que cometí al subestimar su poder...
Es que cuando abriste la boca yo solo quería mirarla. Quería mirar - admirar- la perfecta armonía que lograban los labios con el resto del cuadro que es tu cara. Quería empaparme de esa desprolijidad fríamente calculada que hace a tu imagen, cuidadosamente descuidada, por supuesto. "Sin compromisos", grita.
Por qué? Por qué tanta crueldad? No ves que la carne es débil?. Adivinando el poder de hipnosis que tenían tus ojos sobre los míos me sujetaste con firmeza la cara a medio centímetro de la tuya - lo juro, no era más que medio centímetro-. Y lo sé porque nuestros cuerpos ya no eran dos, sino que se fundían en uno. Lo sé porque tu respiración suave, pero decidida, me acariciaba, lo puedo jurar.
Me clavaste la mirada. Mientras me perdía en esos puñales del marrón más brillante empezaste a decirme lo que a mi me parecían lejanos balbuceos. ..Sí, algo en mi inconsciente seguía el hilo de tus palabras, pero me era imposible hacer real foco en ellas; la proximidad, tus ojos, la tensión casi tangible entre los dos...
Me dejé llevar. No medí. No me di cuenta que el mar de palabras que salía de tu boca -y qué boca linda la tuya- cobraba vida con cada segundo que pasaba. No me di cuenta que ese fluir de palabras constituiría la ola que me envestiría despiadadamente luego.
Hay algo tan atractivo en vos..No puedo dictaminar exactamente qué es, pero su poder, te aseguro, es magnético. Es esa incertidumbre, esas ganas de conocer - conocerte-, de ver qué hay atrás de la pose lo que no me deja alejarme, no me deja escapar de tu magnetismo.
En un acto impulsivo, quizás, tomé tu mano. Para mí sorpresa tomaste la mia, hasta con algo de firmeza. Mirandolo en retrospectiva, qué lindo fue. Qué lindo fue tomarte de la mano, que ambos fueramos cómplices de aquella farsa de afecto, al menos hasta que todo hubiera terminado. Qué lindo fue, incluso si no fue más que un espejismo...
Y qué distinto fue para ambos. Más pasan las horas, más repito la película en mi cabeza, más la pienso - te pienso-, para atesorar en mi memoria cada momento, cada gesto, cada roce. No quiero que te vayas. Hago todo lo posible para retenerte y que no te vayas. Al menos no mentalmente. Al menos no del todo.
No sé por que, cómo, ni cuando, pero algo se desató esa noche. Alguna mecha se encendió y hace que me esté consumiendo ahora lentamente. Hace que me descubra pensandote a cada segundo, escuchando tus canciones, repitiendo escenas en mi cabeza con el mayor detalle que la nebulosa de los recuerdos embebidos en alcohol me permiten.
Te extraño? Por Dios, no, eso es absurdo. Pero no puedo parar de pensarte. No quiero que te vayas, no del todo. Me rehuso. Estoy emprendiendo una batalla contra el paso del tiempo.
Me siento tan estúpida. Me siento tan estúpida sintiendo algo que sé con certeza que no estás ni cerca de sentir. Pensando en alguna conexión hasta metafísica, que es más que claro y evidente que yo sola viví.
Quiero escuchar de vos. Quiero saber de vos. Pero no va a pasar. Dudo que alguna vez vuelva a verte si tengo que ser totalmente honesta- honesta conmigo misma, sobre todo.
Todo, pues, absolutamente todo queda librado al azar. Le estoy apostando todas mis fichas al azar, incluso cuando el juego jamás fue mi fuerte. (Tengo realmente otra opción?)
Ruleta rusa. Ruleta rusa y te aposté todas mis fichas. Ruleta rusa y sé con certeza que voy a perder, pero aún así espero. Espero. Te espero.